Raquel: una fijación vertebral de 360° devolvió la estabilidad a su columna tras años de dolor e inestabilidad
Inestabilidad lumbar por desplazamiento de la L4 con compresión nerviosa, resuelta con una fijación vertebral de 360°.
- Paciente
- Raquel, 44 años
- Patología
- Inestabilidad lumbar por desplazamiento de la L4 con compresión nerviosa
- Procedimiento
- Fijación vertebral de 360° (doble abordaje, anterior y posterior)
- Especialista
- Dr. Abel Ferrés — Neurocirugía de columna
Cómo se recuperó Raquel
Recuperó la sensibilidad de la pierna nada más despertar de la cirugía. A los dos días ya caminaba por el pasillo de la planta y al cuarto se fue a casa. Seis meses después camina entre 30 y 45 minutos seguidos.
El origen: un dolor de espalda que bajaba por la cadera
Raquel tiene 44 años. Hace dos años empezó a sufrir fuertes dolores en la espalda que le bajaban por la cadera. Lejos de remitir, el dolor se fue haciendo cada vez más intenso hasta acompañarse de síntomas neurológicos que la asustaron: la pierna se le empezó a dormir, notaba hormigueos y, de vez en cuando, le fallaba.
«El dolor cada vez era más intenso, hasta que la pierna se me empezó a dormir. Tenía hormigueos y de vez en cuando me fallaba, no me respondía y caía.»
Un diagnóstico difícil: del aparato digestivo a la columna
Al principio, todas las pruebas apuntaban a un problema distinto. Raquel comenzó a moverse entre médicos y las primeras exploraciones orientaban el cuadro hacia un origen digestivo. Se llegó a plantear una hernia perineal, con la sensación de que el intestino descendía, y las pruebas mostraron una atrofia de la musculatura encargada de mantener el recto en su sitio.
La clave llegó con una resonancia muy completa de todo el cuerpo, que reveló que el verdadero origen del problema no estaba en el intestino, sino en la columna. A partir de ahí, el caso pasó al ámbito de la traumatología y la neurocirugía, donde nuevas resonancias fueron dibujando el mapa completo de lo que ocurría.
La causa real: una L4 inestable que comprimía los nervios
Las pruebas mostraron dos vértebras muy deterioradas; una de ellas, la L4, se desplazaba hacia delante en lugar de mantenerse fija. Ese movimiento anómalo y el desgaste asociado acababan afectando a los nervios de la zona. Al quedar comprimidos, esos nervios dejaron de dar el estímulo adecuado a la musculatura que sostiene el recto.
Sin esa señal, los músculos se fueron atrofiando y perdiendo fuerza, hasta el punto de no poder seguir sujetando el recto, lo que explicaba el rectocele que Raquel arrastraba. Todo formaba parte de un mismo problema de origen vertebral: una columna inestable que repercutía mucho más allá de la espalda.
Una inestabilidad que le fue quitando la vida cotidiana
Con la vértebra moviéndose, Raquel sentía que su espalda entera era inestable. Cada vez podía hacer menos cosas y caminar menos, porque la pierna le fallaba en cualquier momento. Esa sensación de inseguridad constante la fue apartando de su día a día.
«Toda mi espalda era totalmente inestable. Cada vez podía caminar menos porque la pierna me fallaba. Fui perdiendo mi vida cotidiana hasta llegar a no poder hacer nada.»
El encuentro con el Dr. Ferrés: un caso poco común, estudiado al detalle
Raquel llegó al Dr. Abel Ferrés, que desde el primer momento fue claro con ella: se trataba de un caso poco habitual que requería estudiarse a fondo antes de decidir nada. Para entender exactamente cómo se desplazaba la vértebra, pidió una radiografía en movimiento que permitiera ver el patrón de inestabilidad de la L4, la vértebra que había que fijar.
«Me dijo bien claro: miraremos qué podemos hacer, pero he de estudiar muy bien el caso porque no es común.»
Con todas las pruebas confirmadas, en la siguiente visita el especialista le explicó con detalle todo el procedimiento que llevaría a cabo.
La intervención: una cirugía de ocho horas por delante y por detrás
El objetivo era doble: abrir espacio en las vértebras que estaban comprimiendo los nervios y, a la vez, fijar de forma estable la L4 para frenar el desplazamiento. Para ello, el Dr. Ferrés planteó una fijación de 360°: primero un abordaje por delante para colocar el implante y todo lo necesario, y después girar a la paciente para acceder por detrás —la parte más delicada, con los nervios afectados— liberar las estructuras y dejar la vértebra correctamente fijada.
Existía la posibilidad de dividir la operación en dos días, pero finalmente se realizó todo en una sola intervención.
«La cirugía duró ocho horas y realmente fue todo un éxito.»
El despertar: recuperar la sensibilidad de la pierna
Raquel recuerda su postoperatorio inmediato como un momento que no olvidará. Al despertar en la sala de reanimación, lo primero que hizo fue comprobar que podía doblar la pierna y que volvía a notarla, una sensación que llevaba cerca de un año sin tener.
«Me desperté y lo primero que hice fue ver que podía doblar la pierna. La notaba. Una sensación que no tenía desde hacía un año. Me emocioné muchísimo.»
No tuvo ningún tipo de complicación.
La recuperación: caminar de nuevo, paso a paso
La evolución fue rápida. A los dos días ya caminaba por el pasillo de la planta y, al cuarto día, se fue a casa. Seis meses después de la operación, Raquel puede caminar entre media hora y tres cuartos seguidos. Sabe que debe ir poco a poco, pero afronta cada avance con mucha ilusión.
«A los dos días ya caminé por el pasillo de la planta. Estaba superfeliz de poder caminar.»
Un trato cercano que le cambió la vida
Más allá del resultado clínico, Raquel destaca la dimensión humana del Dr. Ferrés, que resolvió todas sus dudas de tú a tú, con un trato cercano, claro y sincero.
«El trato con el Dr. Ferrés fue como hablar con un amigo. Me ha salvado la vida. Si miro dos años atrás, estoy muy feliz de cómo estoy.»
Testimonio real de un paciente de Brain & Spine, reproducido con su consentimiento. Cada caso es individual; los resultados de un tratamiento pueden variar según el paciente, su patología y sus circunstancias clínicas. Esta información no sustituye una consulta médica personalizada.
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